En alas de la historia

Consecuente con los postulados que alientan su existencia, el Instituto Eduardo Olivero rinde homenaje en este espacio a quienes con notable esfuerzo y, en muchos casos, con el caro tributo de sus vidas, surcaron el cielo tandilense.

El primer despegue del suelo
El miércoles 27 de febrero de 1889, el capitán del Ejército español Pablo Sanz, se introdujo en una barquilla de cañas suspendida con cuerdas, se tomó con la mano izquierda de una de ellas y con voz firme gritó: "¡Suelten!". La montgolfiera "Albatros" comenzó a elevarse entonces, y la muchedumbre reunida en un cerro aledaño a la ciudad, incrédula todavía de que el hombre pudiera elevarse por el aire como los pájaros, se atropelló para seguir la ruta caprichosa que tomaba el globo. Mientras Sanz, de pié, saludaba con un pañuelo blanco. Poco más tarde comenzó a descender, luego de alcanzar unos 400 mts. de altura y entonces pudo verse al atrevido español que se descolgaba por una cuerda amarrada al cesto, a fin de tocar tierra antes que el globo.

Por el cielo en bicicleta
LA PRIMERA MAQUINA VOLADORA MAS
PESADA QUE EL AIRE EN SUDAMERICA

Oficialmente la aviación nació en 1903 -el 17 de diciembre- con el vuelo de los hermanos Wilbur y Orville Wright en Carolina del Norte, Estados Unidos. Tan solo cinco meses y ocho días después, Tandil, Argentina, fue escenario del salto precursor de una máquina más pesada que el aire auto impulsada en Sudamérica. Realizado en un aerodino construido por un zapatero calabrés -Guido Dinelli- de 35 años de edad.

En mérito a ello, una calle de Tandil lleva su nombre.
Sabía el notable inventor que la sustentación debía obtenerla a fuerza de velocidad. Y que el impulso no bastaba para lograr el ascenso. Fue por ello que pensó en un aparato de madera y tela. Y no le pareció nada mejor que adosarlo a una bicicleta, con la cual, pedaleando pendiente abajo, podía llegar a sostenerse en el aire.
Eligió materiales livianos y resistentes, para confeccionar la estructura de más o menos cinco metros de diámetro, con las punteras del velamen inclinadas hacia abajo.
Con una sierra semejante a un malacate, accionada por un caballo, él mismo cortó finos listones de pino spruce -de 2 x 3- colocándolos luego en agua caliente para arquearlos con mayor facilidad.
Cuando construyó el armazón de madera y cañas, sujetado con sogas finas, debió encarar la cobertura con una tela también liviana y resistente. Fue entonces que llegó hasta su rancho el famoso payaso Fran Brown, quien estaba por aquel entonces de paso por Tandil con el circo de los hermanos Carló. Parece que Dinelli le confió su inquietud y el brillante clown ingles le dio su opinión acerca de que el cotín, era la tela que podía ofrecerle al velamen una mayor sustentación.
Llegado el día, el aparato fue llevado hasta el cerro Garibaldi, lugar elegido para el lanzamiento. Mientras gran cantidad de espectadores se daban cita para ver como Dinelli se remontaba como un barrilete. O, de que manera, se rompía la crisma contra una piedra. En tanto los más chicos corrían hasta la plaza principal, ubicada a ocho cuadras, donde se proponía llegar el zapatero volador, para asociarse al festejo patrio de ese día.
Mientras el "hombre pájaro" se acomodaba en el curioso artefacto -completando con su peso 96 kilos- los espectadores, boquiabiertos, no acertaban a explicarse como haría el volador para mantener la dirección del aparato. Y, sobre todo, para conservar la fuerza propulsora, una vez que la rueda motriz se despegara del suelo.
La respuesta al gran interrogante debía darse con la intención, expuesta por el arriesgado volador, de mantener el rumbo mediante un juego de cuerdas, con las que iría modificando la tendencia de la sombrilla.
Esto lo aclaraba el día anterior en el semanario "La Democracia", en una nota titulada "El aparato aeroplano"
Decía que él no pretendía volar, sino que a favor de una corriente de aire que debía aprovechar, se lanzaría desde lo alto del cerro, descendiendo poco a poco, aunque el aparato fuera más pesado que el aire."
Declaraba también, que el experimento "no respondía a ningún fin especulativo, sino que era puramente científico".
Cuando el intrépido zapatero calabrés se persignó y dio la orden de soltar las amarras -a cargo de dos personas que lo sujetaban al cerro ante la posibilidad de que un golpe de viento pudiera frustrar el intento-, comenzó a pedalear con fuerza, echándose a rodar cuesta abajo, con un ángulo de descenso de casi 45 grados.
Pudo verse así, segundos después, como Dinelli iba flotando en el aire y avanzaba pausadamente, a lo largo de l80 mts.
Al tocar tierra, el rudimentario artefacto se destrozó irremediablemente. Y sus restos envolvieron en jirones de tela y astillas al osado precursor.
Muchos se mofaron, por aquel entonces, del loco lindo que había querido andar por el cielo en bicicleta. Andando el tiempo, sin embargo, sería reconocido el suyo como el primer vuelo de un aparato más pesado que al aire en Sudamérica.

El primer pájaro con tuercas
El 5 de junio del año 13 voló, por primera vez, un aeroplano en Tandil. El Blériot de 50 HP tripulado por el italiano Benjamín Cattáneo, tras una corrida de 15 metros, se elevó por los aires, en los aledaños de la ciudad, en medio de una fragorosa salva de aplausos, coreado por toda clase de exclamaciones.
Luego de dar algunas vueltas, aterrizó en vuelo planeado. En un segundo intento, llevó por delante los hilos del telégrafo, precipitándose a tierra.

Otra vez, andando el cielo en globo
Cinco meses después -9 de noviembre- volvía a dibujarse en el cielo de Tandil un aeróstato. Lo tripulaba Eduardo Bradley. Se había elevado en Bernal y aterrizaba en esta ciudad, batiendo un record de distancia: 396 kmts., en aproximadamente 13 horas.
Luego, el 13 de junio del quince, el famoso globo "Jorge Newbery", conducido por Ernani Mazzoleni, cubría, en travesía nocturna y con 12 hs. de duración, el tramo comprendido entre "La Sportiva", en Buenos Aires, Y Tandil.
Dos años más tarde, en el 17 -el 18 de abril, precisamente- nuevamente el "Pampero", esta vez al mando de Aníbal Brihuega, unía Bernal con Tandil, en el veloz tiempo de 5 hs. 5m.

Otro jinete del cielo
Celestino Corbellini, nacido en Tandil el 23 de noviembre de 1892, logró su título de aviador el 15 de marzo de 1915, obteniendo el brevet internacional No 74. De ahí en más, desarrolló intensa actividad aérea en el país y fuera de él, la que duró hasta 1930, reuniendo en su ejercicio más de 2.000 hs. de vuelo.
El 3 de septiembre de 1917 realizó la hazaña de volar de noche sobre la ciudad de Bs. As. Poco después, resultó milagrosamente ileso al incendiarse el aparato que tripulaba.
En septiembre del año siguiente, en un Blèriot tipo acrobacia acondicionado por él mismo, realizó exhibiciones en El Palomar, haciendo seis loopings consecutivos, lo que constituyó, por esa época, toda una hazaña.
Pereció ahogado, bañándose en el rió Paraná, el 10 de enero de 1932.

El primer aeroplano construido en el país
Cuando allá por 1913 Bartolomé Cattaneo realizó el primer vuelo de un aeroplano en Tandil, entre la muchedumbre que presenció el espectáculo estaba Sebastián Heder Peyrel. Era la primera vez que el muchacho tandilense veía a un hombre volando como los pájaros.

Fue por ello que, entusiasmado, se acercó al aparato volador lo observó y llegó a la conclusión de que... ¿por que no?.. también él podía construir un aparato similar. Puso manos a la obra entonces con su hermano Aníbal y dio origen al primer avión construido en el país.
No eran buenas sus condiciones de seguridad, ya que abundaban las ataduras con alambres y otras imperfecciones; sin embargo, pudo volar, por espacio de dos años, por el cielo de Tandil.
En vísperas de la Navidad de 1919, dos días antes de cumplir 38 años de edad, perdió la vida, al precipitarse a tierra con su aparato.
Había nacido en esta ciudad, el 26 de diciembre de 1881.

La primera víctima en Argentina del vuelo sin motor
Aviador alemán llegado al país representando a la fábrica Fókker de Holanda, Otto Ballod murió en Tandil el 23 de diciembre de 1924, probando el primer planeador fabricado en Argentina.
El aparato había sido proyectado y construido por el Ingeniero Desiderio Biró de Ditró un año antes, en los talleres del Servicio Aeronáutico del Ejército, ubicado en El Palomar. Se lo denominó "Regina", en homenaje a la conocida cantante de ópera Regina Pacini, esposa del entonces presidente de la Nación, Marcelo Torcuato de Alvear. Junto a Biró de Ditró, el piloto alemán había recorrido anteriormente todas las zonas serranas del país, eligiendo a Tandil como lugar propicio para el vuelo térmico, especialmente en "calles de nubes".

El intento, que habría de resultarle fatal, tuvo lugar en el campo "La Merced", a pocos kmts. de la ciudad. Luego de armar el aparato y hacer algunos simulacros de falsas partidas, deslizándose por tierra a distintas velocidades, fue tensándose el sandow que habría de lanzarlo desde lo alto de una colina. Al inclinarse una de las alas en la partida, el velero se incrustó en la tierra, produciendo la muerte al piloto.
Fue la primera víctima del vuelo sin motor registrada en el país.

Entre nubes y en silencio
Años más tarde, habría de desarrollarse una intensa actividad volovelística, que aun se mantiene, dando lugar a la consagración nacional e internacional de numerosos pilotos; entre ellos,

Roberto Manuel Madsen fue el más destacado. Dedicó más de medio siglo al vuelo sin motor, voló en planeadores construidos por él mismo, obtuvo el brevet laureado internacional de plata, e hizo el vuelo de mayor duración en el país, con un aparato de tipo escuela.

Edith Sorensen: Batió el record sudamericano de permanencia en planeador, volando 10 hs. 10m. en el cielo de Tandil.

Hans Ott: El 10 de marzo de 1937, señaló el record sudamericano de permanencia sobre colinas, superando en 9 hs. 50m la marca anterior. Culminó su intento a media noche, constituyéndose por ello en el primer volovelista que realizó una incursión nocturna en el cielo argentino.


Primeros aviones Fiat llegados a Tandil
También la aviación militar,
por los anchos caminos del cielo

De 1946 data la instalación en Tandil de la base de operaciones -hoy VI Brigada- de la Fuerza Aérea Argentina.
El primer material aéreo que albergó, fue un Fokke Wulf 44. Después llegaron los Beehcraft y los Fiat, entre otros.

Hasta que en 1948 aterrizaron cien aviones Gloster Meteor, integrando el Regimiento 4 de Caza Interceptora, dando lugar a que esta ciudad fuera la cuna de la aviación con turbinas a reacción en el país y una de las más importantes del mundo en aparatos de este tipo.
De aquí partieron los pilotos que asombraron al país y al mundo, por su notable aptitud y coraje, en la guerra del Atlántico Sur.

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